Navarro con pie derecho

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Enhorabuena el paso al lado que acaba de dar el exdirigente del M19 Antonio Navarro Wolf. Haber renunciado a la aspiración presidencial para encabezar la lista al senado por la Alianza Verde deja ver que Navarro aún tiene capacidad de repensarse y refrenda su estatura para interpretar el momento histórico. Eso que se llamaba en la izquierda el análisis concreto de la situación concreta, que buena falta le hacía al partido verde debido al mal manejo de sus dirigentes y a las incoherencias de su cúpula que han terminado por espantar a Antanas Mockus y a Sergio Fajardo, dos de los más importantes líderes en los ciernes de esta organización alternativa que pudo haber sido y no fue.

Es probable que Navarro hubiera metido un poco la pata cuando luego de sellada la alianza entre progresistas y verdes intentó manipular de alguna manera la decisión aprobaba en el congreso verde sobre la forma de escoger el candidato presidencial, el cual se definiría mediante una consulta popular. El invento de la encuesta dejó el sabor de que la nueva alianza verde estaba haciendo lo mismo que el Puro Centro de Alvaro Uribe cuando le pusieron conejo a Pachito Santos y se sacaron de la manga una convención para no cumplir con la consulta prometida. Y aunque haya sido inspirado en el hecho de que con la famosa encuesta finalmente le salió el tiro por la culata, la decisión de Navarro de dar un paso al lado requería grandeza y el exgobernador dio la talla. Eso es saber sacar la pata sí se acepta que se ha metido.

Pero el gana – gana de Navarro es una decisión tan certera que con su noble gesto de pasar de capo a gregario se puede cantar desde ya que salvó el umbral verde y eso lo coloca en condiciones de gregario mayor de la alianza verde. Y como sí se cumpliera la sabiduría popular de que nadie sabe para quién trabaja, los esfuerzos de los tres o los cuatro tenores que dieron origen a la Ola Verde terminaron por cristalizarse en una organización en donde hasta el propio Carlos Ramón Gonzales, el dueño de la marca, comienza a ver sus días contados como tal y tendrá que entregarle definitivamente las riendas a su antiguo jefe, el nuevo gran jefe verde, Antonio Navarro, quien además resulta el mejor garante para que las fuerzas progresistas e izquierdistas no se vayan de bruces y para que los sectores centristas no queden reducidos a su mínima expresión ante la euforia emediecinuevista.

Tan sensata ha resultado la decisión de Navarro que ya comenzó a generar acercamientos de nuevas fuerzas alrededor de la Alianza Verde. A última hora antes del cierre de las inscripciones del 9 de diciembre apareció la UP y se sumó con todo lo que esto puede conllevar, es decir, Partido Comunista, Marcha Patriótica y lo que haya dejado el paro agrario, por decir algo. Esta es una buena razón para suponer que habrá un buen número de inconformes con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos que se aglutinarán al rededor del partido de Navarro. Claro que esto producirá por lo menos rasquiña en algunos antimamertos y centro derechistas que hay en la Alianza Verde, pero en general será más lo que suma que lo que resta. Porque quiérase o no mamertos y antimamertos de la Alianza Verde hoy no tienen más remedio que coexistir pacíficamente.

Ojalá que el gana – gana sirva para identificar enemigos y diferenciarlos de los aliados, que sea una bonita oportunidad de entender el papel de la táctica y para evitar que el canibalismo típico de los grupos de oposición tenga cabida en este nuevo experimento. Porque sí las cosas siguen como están lo primero que deberán hacer los miembros del partido de Navarro será aprender a tragarse los sapos. Para empezar habrá que imaginarse un escenario en donde Navarro encabeza senado y Enrique Peñalosa sea el candidato presidencial de Alianza Verde. Porque aunque algunos no lo quieran y haya quien lo vea como el mismísimo enviado de Uribe, Peñalosa es verde, ha sido disciplinado y tiene derechos en ese partido así no se pase a algunos de sus jefes. Además es de lejos el que mejor marca en las encuestas de los verdes. Y por más que algunos se quieran reinventar a Ingrid Betancur, todo indica que su popularidad y nivel de favorabilidad no les alcanzará para atravesársele al exalcalde de Bogotá.

Y si se observa que los colombianos definitivamente no le creen a Santos aunque tengan fervorosos deseos de paz y prosperidad como en las navidades; que la polarización entre Uribe y Santos cada vez hace que la gente piense en alguien que se diferencie de ese escenario destructivo; y que el uribismo recalcitrante terminará por verse no como oposición sino como enemigo de la paz, el camino está allanado para que una opción de centro, respetuosa de la izquierda y de la derecha, en la que puedan convivir tendencias izquierdizantes y derechizantes, pida la palabra. Palabra que sí, que es hora de remar hacia el mismo lado aunque existan diferencias conceptuales, si se tiene claro que hay un objetivo común. Hoy los verdes pueden ser perfectamente el partido del posconflicto pero para eso tienen que aprender a lavar los trapos sucios en casa, a ordenar la casa por dentro y a entender que el ejemplo empieza por casa. Es hora de reconciliar a los verdes.

Es la hora de que tanto centro izquierdistas como centro derechistas se den cuenta que ninguno quiere alejarse del centro y que si se descuidan les usurpan ese espacio desde el llamado puro centro democrático. Hay que aprender de Navarro que sabe bien que el mal paso darlo rápido, que errar es humano pero que insistir en el error es diabólico. Hay que invitar a Peñalosa a deponer la confrontación con el alcalde Gustavo Petro. Que le deje esa pelea a la ultraderecha. Hay que aprender de Petro para saber que la soberbia no es siempre el mejor aliado. Hay que soñar que con un buen manejo de las contradicciones internas, con un firme compromiso de anteponer el propósito común al ego y con un ejemplo de tolerancia y convivencia los verdes pueden llegar a voltear cualquier tendencia electoral o intención de voto porque la gente quiere que no le brinden más de lo mismo.

El gesto de Navarro merece un equivalente de Peñalosa y debe estar más dirigido a escuchar las aspiraciones de los progresistas que a derrotar conceptualemente a su líder. De eso se encargará la historia que sabrá absolverlo o condenarlo. En medio de la polarización, el auténtico centro democrático y social con los izquierdistas y derechistas unidos dificilmente será vencido. Pero en todo caso desunidos, Jamás serán vencedores. Hay que prepararse para cantar: Navarro amigo Peñalosa está contigo o Peñalosa amigo Petro está contigo. Eso sí lo que se quiere es ser alternativa de poder desde un concepto claro de gobierno plural, porque todavía nadie ha demostrado lo contrario a que la unión hace la fuerza. O si no miren qué pasó en Bogotá cuando Petro pensó lo contrario.

Fernando Alvarez C.

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