Patos al agua sucia

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Con el lanzamiento anunciado del presidente Juan Manuel Santos a la reelección se ponen definitivamente las cartas sobre la mesa y se despeja el panorama para quienes quieren tener presencia en la próxima contienda electoral del país y esperan que no todo sea plan b, bolígrafo, gallo tapado, o gato encerrado como se presagiaba hasta ahora cuando casi todo el mapa político se ha vuelto incierto y la credibilidad se ha hecho tan escasa. Ya se había lanzado en aguas un poco turbias el exministro Oscar Iván Zuluaga, en un ejercicio bochornoso en el que los seguidores del expresidente Alvaro Uribe dejaron sinsabores de maniobrerismo por haberle hecho conejo a su exvicepresidente Pacho Santos, quien punteaba las encuestas pero terminó tendido en el campo por obra del cambio las reglas del juego a ultima hora en la escogencia del candidato uribista.

Uribe también se había lanzado al agua después de varios tires y aflojes desconcertantes a encabezar una lista al senado que amenaza con convertirse en la minoría parlamentaria cuyo claro propósito es hacer oposición rotunda al proceso de negociación con las FARC en La Habana. Y aunque dicen apuntarle a unos 20 escaños, por suerte para quienes le apuestan a la paz la lista ha terminado más bien de medio pelo frente a lo que se esperaba, gracias al exparlamentario y expresidiario célebre por el proceso 8000, Joselito Guerra, quien al parecer es el boli de la lista del puro Uribe centro, o como se llame finalmente este partido que aún no ha logrado cuajar ni su propio nombre.

Los liberales parecían un partido en vía de extinción al comienzo del gobierno Santos pero gracias al oxígeno que les ha dado, ahora se dan el lujo de pelearse el primer renglón de la lista entre sectores tan distintos como el serpismo, el gavirismo y el samperismo,  ya que todos quisieran ser el esparrin de Uribe en el parlamento y por qué no, disputarle el show. Los conservadores aún no saben cómo jugar sí en las aguas de la unidad nacional o las de la unidad conservadora, ya que el santo de su devoción es Uribe pero para el senado no entusiasma como para que los godos le quieran hacer fila a la hermana de Joselito, María del Rosario Guerra.

Tal vez lo más interesante que ha surgido es la idea de Antanas Mockcus de encabezar una lista al senado para apoyar la paz. Desde esta columna y personalmente se le había sugerido que encabezara una lista que ayudara al Partido Verde a retomar su rumbo, pero al parecer el partido y sus andanzas antidemocráticas lo han alejado aún más y prefiere lanzarse por la ASI, un partido indigenista en sus orígenes que terminó más aval que partido, pero que a diferencia del verde le ha dado victorias a Antanas y a Sergio Fajardo pero nunca los ha encarcelado en su propia organización como sienten que ocurría en el Partido Verde bajo el imperio de su dueño y señor Carlos Ramón González.

Ante el pedido de Claudia López para que los líderes verdes no pensaran tanto en la presidencia como en el senado, Mockus ha salido al ruedo con la idea de lograr una lista de 20 prohombres que estén dispuestos a defender los acuerdos de paz y a garantizar desde el parlamento la seguridad de los exguerrileros desmovilizados en este proceso. Esa tarea lleva implícito enfrentar las fuerzas enemigas de la paz en el congreso y ya se anuncian espectaculares confrontaciones ideológicas que sin duda amenizarán el debate. Pero lo destacable, más allá de la independencia que caracteriza a Mockus, es el criterio moderno y sostenible, sintonizado con Pepe Mujica y con el Papa Francisco, que le imprime a su aspiración en entrevista con María Jimena Dussán en Semana: ¨ser independiente hasta del mercado.

Esa premisa vuelve a poner al exalcalde en un escenario atractivo para quienes aún creen que se puede seguir luchando por unas reglas del juego donde no se viva la dictadura del dinero y las elecciones no sean el resultado de las tulas para la compraventa de conciencias, donde exista una exigencia ciudadana para que la Registraduría no sea el instrumento antidemocrático que hoy siente el ciudadano que no trafica su voto. El no todo vale de Mockus le permite imaginarse en el senado pero no a toda costa como le hubiera tocado transar con los verdes que le proponían un negocio barato desde la ética de lo público de cajearle curul por umbral, muy coherente con la lógica de sus dueños y acorde con la forma en que se ganaron sus nuevos mejores aliados progresistas, pero inaceptable para un hombre honrado políticamente que sin duda, Antanas ha demostrado ser.

Sí el escenario campal será el parlamento, enhorabuena la llegada de Mockus y sus 20 mosqueteros. Vaya tarea la que tienen y por la que bien vale jugársela. No solo enfrentaría la derecha recalcitrante dispuesta a ponerse como piedra en el camino de la paz, ni solo sería una fuerza legislativa empeñada en darse la pela por la paz y por la garantía para que los reinsertados, amnistiados, perdonados o indultados, como queden al final del acuerdo, puedan ejercer libremente su acción política, sino que serán la fuerza parlamentaria que de lejos se distinguirá por iniciar una cruzada contra la corrupción política, madre de todos los males colombianos. Sí tan solo le cogen la flota a la reforma electoral que viene pregonando el senador verde John Sudarsky como una sola golondrina, le habrán pegado al tablero.

La profunda reforma electoral que requiere el posconflicto es ni más ni menos que la piedra angular de los acuerdos de paz. Garantizar la vida de los exguerrileros es tan importante como garantizar la vida política de quienes dejan las armas para apostarle a la democracia, pero las reglas existentes, las mañas empotradas en las actividades electorales y las tulas de los lavadores de dinero y de contratos impedirían que se pueda jugar limpio. La clave es cómo van a competir los candidatos de la UP, Marcha Patriótica o como se llame el partido en que aterricen las FARC, sí las elecciones se compran, sí no hay controles para evitar que se excedan los topes electorales, sí la corrupción política ha perfeccionado los métodos para perpetuarse en el poder y ni el estado ni las FARC han puesto el ojo en semejante talanquera para la nueva democracia que anuncian los acuerdos. Allí es donde Mockus y su gente pueden poner el dedo en la llaga y ayudar a construir la democracia en su natural escenario para aplicarla.

Si en las épocas de Camilo se decía que el que escruta elige y ahora la sofisticación de la manipulación mediática había llegado a que el que encuesta elige, Mockus y su combo saben que hoy el que compra elige. Y sí está dispuesto a hacer una campaña donde no mande el mercado pues habrá de ejercer una legislatura para que las elecciones no solo no sean una subasta colectiva ni un mercado persa sino para que las elecciones no sean el santuario del mercado negro. De ese mercado perverso de oferta y demanda en donde está corrompido el elegido, el elector, el electorero, el escrutador, el encuestador, el medio y hasta la opinión publicada. En ese sentido coge plena vigencia la frase de Mockus cuando dice que: ¨hay gente romántica que piensa que puede conquistar a una prostituta y no pagarle.¨ Él aspira a hacer lo mismo. A hacer política sin pagarle a nadie porque sí no, no vale la pena¨. Y quizás lo que hay que hacer desde el parlamento es acabar con la forma de elegir en Colombia, de resto no vale la pena, porque en materia electoral esto está reputiao.

Fernando Alvarez C.

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